Los determinantes de la generación de divisas genuinas para este año


Los determinantes de la generación de divisas genuinas para este año

Artículo elaborado por la Fundación Capital

El resultado comercial del 2021 estará nuevamente supeditado a la dinámica cambiaria, más allá del devenir del fenómeno agroclimático “La Niña”, los precios de los commodities y las decisiones de política que se tomen. En efecto, la amplia brecha cambiaria distorsiona los incentivos, demorando las exportaciones y adelantando las importaciones. Aún más, el comercio exterior comenzó el año con claroscuros. Mientras se observan precios de las materias primas elevados, la sequía se afianza en la región central y se gesta disconformidad en un sector clave para los envíos al exterior como es el agro. Así, dada la necesidad de divisas para evitar disrupciones cambiarias, resulta clave analizar los principales determinantes que tendrá la dinámica exportadora e importadora para los próximos meses.

El punto de partida de las exportaciones es complejo, con un 2020 marcado por la generalizada contracción de las ventas al exterior (-14,6% acumulado a noviembre). Dada una muy baja base de comparación, los envíos volverían a terreno positivo, si bien existen importantes desafíos. En primer lugar, en cuanto a la actual campaña agrícola, las proyecciones aún apuntan a un buen nivel de producción, si bien inferior a los ciclos previos (110,3 millones de tn para los tres principales granos; -7,5% frente a la campaña 2019/20). No obstante, de acuerdo con la National Oceanic and Atmospheric Administration, se convergería en enero-marzo a una fase Niña, que implica bajas precipitaciones en gran parte del área agrícola nacional, en una época crítica en la formación y crecimiento del maíz y la soja.

Por su parte, la marcada tendencia alcista de los precios de los commodities (con subas de más del 40% respecto del promedio de 2020) podría ser un aliciente. Si bien este incremento responde en parte al clima seco en parte de Argentina y Brasil, el acelerado ritmo de venta de oleaginosas en Estados Unidos, la demanda china sostenida y el escenario de alta liquidez mundial que impulsa la inversión en commodities, son otros claros fundamentals al alza.

De este modo, en un contexto de cantidades exportables del sector similar al proyectado en la actualidad (una leve baja del 6,1%), pero con los precios manteniéndose en máximos durante todo el 2021 (lo que implica una suba promedio ponderada del 33,6% i.a.), se obtendría un ingreso en concepto de exportaciones agrícolas (considerando los tres principales granos, aceite de soja, pellets de soja y aceite de girasol) en torno a los u$s 30.000 millones. En ese caso, las ventas del sector crecerían un 25% i.a., siendo éste el escenario de máxima. Sin embargo, de convalidarse un efecto La Niña, las cantidades podrían verse fuertemente resentidas. Recordemos que tras la seca de 2018 la producción sojera finalizó con 37,8 millones de tonelada, cuando la primera proyección rondaba los 54 millones. Simulando un impacto equivalente en términos de cantidades exportables (-24%) y con precios favorables (+33,6%), el ingreso de dólares agrícolas podría rondar los u$s 23.600 millones, con una baja anual del 1,6%. Finalmente, en un escenario de mínima, con el efecto de la sequía en las cantidades y precios elevados pero que no se sostienen en los máximos actuales (+15,2% promedio ponderado), las exportaciones podrían llegar a los u$s 20.600 millones, con una retracción superior al 10%.

Por otro lado, el desempeño exportador también dependerá de las ventas de productos manufacturados. En este caso, las buenas perspectivas para la economía de Brasil, principal destinos de nuestras manufacturas, son una noticia positiva para Argentina. En efecto, se prevé que nuestro vecino crezca un 3,5% en 2021. Sin embargo, esta dinámica no está exenta de riesgos. De hecho, durante 2020 las exportaciones bilaterales retrocedieron un 26% i.a., mientras Brasil importó “sólo” un 14,7% menos que el año previo. De esta forma, Argentina perdió participación como proveedor de Brasil, incluso alcanzando mínimos desde 1988 (5% de las importaciones son desde nuestro país), planteando el desafío de recomponer el comercio bilateral.

Así, en nuestro escenario base las exportaciones podrían recuperarse hasta los u$s 58.813 millones en 2021 (+7,4% i.a.). Sin embargo, los próximos dos meses serán decisivos para una producción agrícola que requiere mayor humedad. Además, la incertidumbre que generan medidas como la suspensión de exportaciones de maíz (si bien después se dio marcha atrás), puede incidir en las decisiones del sector agrícola hacia delante. Por otra parte, será un factor clave la elevada brecha cambiaria, que podría afectar los envíos al exterior por el efecto atraso de ventas y stockeo en la producción, en un año en que el riesgo cambiario es uno de los mayores desafíos. Aún más, las exportaciones agrícolas se podrían ubicar entre los u$s 20.000 y u$s 30.000 millones de dólares, lo que implica una amplia diferencia, que se traduce en riesgo cambiario, por lo que se debería tener preparado algún auxilio financiero (FMI y otros), de producirse el peor escenario de ventas.

El panorama importador también presenta desafíos, donde el resultado final parece estar supeditado a la disponibilidad de dólares. En este sentido, la dinámica cambiaria tuvo un efecto superior a la actividad económica en las importaciones durante el 2020. De haberse mantenido la elasticidad histórica PBI/importaciones, con una caída del producto en torno a los 10 puntos, las importaciones se deberían haber contraído entre un 30% y un 40%, bien por encima del 16% que efectivamente cayeron (hasta noviembre). Así, las expectativas de devaluación continúan operando en pos de adelantar la mayor cantidad de compras y sus pagos a tipo de cambio oficial, presión que se mantendrá en tanto la brecha cambiaria se mantenga elevada.

En este contexto, más allá de la reciente pax cambiaria, dada la escasez de reservas (las netas se ubican en torno a los u$s 4.000 millones), no sorprende la profundización del control de las importaciones. Recientemente, se avanzó con la Comunicación A 7.201 del Banco Central que establece que los importadores podrán acceder al mercado oficial para cancelar pagos sólo 90 días después del despacho a plaza en el caso de los productos finales y un año después para los bienes identificados como suntuarios.

Más allá del repunte reciente de las importaciones (+20,7% i.a. en noviembre), éstas cumplirán tres años de caídas. Ante la baja base de comparación y una mejora en la actividad, prevemos que crezcan en 2021 (+13,2% i.a., u$s 47.705 millones). Sin embargo, un rebote económico que, en el mejor escenario, será sin fuerza (+4,5%), debería mantener la demanda de productos algo acotada. Asimismo, de no moderarse la brecha cambiaria, las presiones continuarán y las restricciones para importar se profundizarán. De esta forma, el saldo comercial de este año podría ubicarse en torno a los u$s 11.100 millones, por debajo de los u$s 12.600 millones del 2020.

En un año en que el riesgo cambiario es uno de los principales desafíos, consolidar un superávit comercial y cambiario holgado resulta primordial. En este sentido, no sólo el clima jugará un papel relevante, sino también la elevada brecha cambiaria cuyo nivel actual resulta insostenible para nuestra economía y las decisiones de política que se tomen para poder aprovechar las condiciones externas favorables.

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